¿Civismo?

Como ya casi todos saben, poseo una librería en el barrio de Siete Palmas (Las Palmas de Gran Canaria). Es un barrio precioso con una gran avenida, muchos parterres y árboles, parques y espacio diáfano. Es un muy buen lugar para vivir, con zonas de recreo, el estadio de Gran Canaria, muy adecuado para hacer deporte, caminar y sacar a pasear al perro a dar largos paseos. Y es que perros hay a porrillo. Yo mismo tengo uno.

Y aquí es donde viene el eterno problema. Me parece lamentable que a estas alturas de la vida, con la concienciación que hay para miles de cosas, aún seamos como somos con nuestras propias aceras, con nuestras calles, como si nuestra casa solo fuera puertas adentro, como si lo que hay cuando se deja atrás la calidez de nuestra vivienda fuera responsabilidad y culpa de otro. Total, para eso pagan a los barrenderos, ¿no? Y yo pregunto: ¿y qué pasa entre turno y turno de barrenderos? Pues que la basura se acumula, meciéndose al pairo y colándose por cualquier rincón.

Pero vuelvo a lo de los perros que es lo que me ha llevado a sentarme ante el ordenador en esta hermosa mañana de Octubre cabreado. Esta mañana ha aparecido una soberbia montaña de heces (de mierda, vaya, pa que nos entendamos) justo delante de la librería. Cuidado, que no hablo de una cosita discreta fruto de la excreción de un terrier o un chihuahua, no… Ahí  está la comida de todo el día de un señor labrador o un buen staford. Me imagino el pensamiento del dueño del perro (al fin y al cabo el animal bastante tiene con no hacerlo en su casa): “Paso de recogerlo, mañana que lo limpie el servicio de limpieza”. Ahora esa mierda está delante de mi negocio, la gente se asquea cuando la ve, huye de delante del escaparate y da una imagen horrible. ¿Quién va a limpiar esa mierda? Si quiero perderla de vista y que mis clientes no entren con cara de asco a mi librería, tendré que hacerlo yo, querido señor que no quiso limpiar la mierda de su perro. Lo limpio yo.

Como ya dije, Siete Palmas tiene muchos parterres. Y todos, sin excepción están llenos de cagadas de perros. ¿Qué pasa, que el parterre no apesta, que las heces ahí se limpian solas? Aún escucho a clientes que me dicen que si el perrito hace sus necesidades en la acera las recoge pero en el parterre no. O sea, que la diferencia entre limpiarla o no pueden ser diez centímetros que se salvan tirando un pelín del animal para que ruede el culo. ¡Y ya está! Asunto resuelto. ¡Qué a gusto me vuelvo a casa! Muy bien, bravo. Pero al final resulta que vuelvo a tener un montón de heces delante de mi negocio, pero en vez de en la acera en el parterre que está diez centímetros más alla.

Eso sí, seguro que la casa de ese dueño o dueña del perrito o perrita está limpia como los chorros del oro. ¡Así nos va!

Pido disculpas por el lenguaje soez si he ofendido a alguien, pero hay que llamar a las cosas por su nombre. También debo decir que hay mucha gente cívica que hace las cosas como debe ser y limpian los restos que van dejando sus animales. A todos ellos, ¡gracias!

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