Archivos para 9 diciembre 2011

Consumo responsable

Se acerca la Navidad (por si no lo sabías). Empieza la carrera contra el reloj para dar con el regalo adecuado, con esa chispa de inspiración divina que nos haga dar con el presente justo para tus allegados, con ese que sea diferente, original o, simplemente, que sepamos seguro que va a gustar a la persona en cuestión.
El libro es uno de los regalos más socorridos en estas fiestas y es de lo más común que podemos encontrar en las cartas a los Reyes Magos. Afortunadamente, los hay para todos los gustos: novela, libros ilustrados, ensayo, biografía, infantil, juvenil, cómic…, y muchos, muchos más. Al entrar en una librería se abre todo un mundo de posibilidades en el que a veces es difícil filtrar lo que se necesita.

Y aquí entra la figura del librero o la librera, que es ese personaje, femenino o masculino que espera con una sonrisa detrás del mostrador a que acudas con la socorrida frase de: ‘A ver si puedes ayudarme…’. Normalmente, por suerte, sí que puede.

Pero de un tiempo a esta parte, el libro ha salido de las librerías. Como un ave migratoria en pleno cambio de estación, ha pasado de las bien cuidadas estanterías del librero a las de los grandes almacenes, los supermercados y las grandes superficies de electrónica y productos multimedia. En estos establecimientos puedes encontrar los libros en el mismo lineal que encontrarías un cedé de música o una impresora o la sección de cables. Están ahí como todo lo demás: simplemente expuestos. Si le preguntas a un empleado de estos establecimientos si ese volúmen de Ulysses Moore es el último que ha sido publicado o el inmediatamente anterior, lo más probable es que se quede con cara de cinco duros y acuda al socorrido “lo que hay es lo que está ahí” que viene grabado de serie en ellos.

Y es normal. Su función en esa empresa es vender lavadoras, cafeteras, ordenadores o videojuegos. Los libros han sido metidos ahí con calzador, a la fuerza, sacándolos de su hábitat natural para encadenarlos en un sitio para el que no han nacido. Y lo peor llega cuando vas a la caja y te encuentras, entremezcladas con los productos de venta por impulso, como auriculares, pilas y llaveros-linterna, las últimas novedades en formato bolsillo.

El libro, reducido a un mero producto de consumo por impulso, de esos en los que, mientras haces la cola para pagar, tus ojos se detienen durante unos instantes antes de pasar al siguiente producto por impulso. No sabes de qué va, ni quien lo escribió, ni de qué editorial es, pero es barato y tiene una portada bonita. ¡Llévalo! ¡Cómpralo!

Yo digo que es hora de regresar a las librerías, de acudir al consumo responsable. Generalizando un poco más, te invito a que pasees por tu barrio, a que descubras cuantos pequeños comercios hay a tu alrededor fuera de los poderosos

Regala libros. Pregunta a tu librero.

centros comerciales, a que conozcas a sus dueños y te hagas cómplice de su actividad. Tu compra en ese establecimiento puede ser un bálsamo para una empresa con el agua al cuello. Tu compra en una gran superficie será un grano de arena en un desierto. Tu compra en el pequeño establecimiento puede permitirte volver a encontrarlo allí cuando regreses al día siguiente. Tu compra en una gran superficie no le importará a nadie. Por supuesto, éstas tienen empleados que también tienen que comer, que nadie me malinterprete, pero debemos ser más conscientes del uso que damos a nuestro dinero, del destino que tiene  el pago de nuestras compras.

Con ese pequeño gesto de cruzar la acera y acudir al librero, pescadera, carnicero, zapatera…, del barrio podemos estar haciendo mucho bien.

Piénsalo. Por un consumo responsable y un uso racional de nuestro dinero.

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10 razones para NO tener un perro

Se acercan las fiestas navideñas. Si tienes hijos pequeños es muy fácil que en la carta a los Reyes Magos de Oriente aparezca algo así: “Quiero un perrito”. Como padres, en las conversaciones privadas lejos de oídos indiscretos, surgirá la pregunta intevitable, “¿Se lo compramos?”. Al fin y al cabo, posiblemente tú también has tenido ganas de tener un animal, una mascota, un simpático perrito que te salude por las mañanas y cuando llegas a casa, que se suba a tu regazo y se ponga a dormir como si no hubiera ninguna otra cosa en el mundo, que te observe durante ratos interminables esperando solamente que le digas algo, que lo llames para acariciarlo durante un ratito.

Pues bien, si todo esto a pasado, aquí tienes 10 buenas razones para NO caer en la tentación:

1. El perro se convertirá en una extensión de tí, requiriendo tu cariño y tu atención constantemente.

2. Un cachorro tiene que pasar varios meses sin salir de casa hasta que le hayan sido puestas todas las vacunas. Orinará y defecará en la casa mientras tanto. Tandrás que ubicarle un sitio para él con periódicos y enseñarle que es ahí donde tiene que hacerlo. Es un proceso lento, tedioso y muy frustrante.

3. Una vez que pueda salir a la calle tendrás que enseñarle las normas básicas: no cruzar sin permiso, no caminar por delante de tí, no tirar de la correa…, además de permitirle la socialización con otros perros del vecindario.

4. Tendrás que buscar tiempo para sacarlo tres veces al día. Y no vale eso de sacarlo al parterre de enfrente y volver. El animal necesitará caminar, hacer ejercicio, correr…

5. Tendrás que recoger sus cacas de la acera. Y de los parterres, que también son la calle.

6. Un cachorro tiene mucha energía. Te cogerá los zapatos, los calcetines, los rollos de papel higiénico, la basura si la tiene a mano…, y si es una cachorro de raza grande, peor aún. Esto se le corrige con paciencia, pero tendrás ganas de gritar en más de una ocasión.

7. El perro ocupará espacio. Tendrás que ubicarle una cama y tendrá que ser cerca de tí. Si tienes un patio o una azotea, esto te lo ahorras pero, para tener al animal encerrado en una azotea, ¿para qué lo quieres? El perro debe compartir tu espacio, ser uno más de tu familia. Esto requiere, de nuevo, buenas dosis de paciencia y disciplina.

8. El perro tendrá hambre. Siempre. Si dejas un plato de comida a su alcance, se lo zampará a la primera que pueda. Si se te cae algo al suelo, él llegará antes que tú. De nuevo, educación, paciencia y disciplina.

9. El perro ladra. Está en su naturaleza y es muy difícil de corregir.

10. Viajar se hará difícil. Si vas a hacerlo y no puedes llevarte a tu nuevo perro, deberás encontrar alguien de total confianza que esté dispuesto a cuidarlo en tu ausencia o pagar una guardería para animales.

Si nos ponemos, seguro que sacamos un par de razones más, pero estas quizás sean las más importantes. Ahora, cuando tu hijo te pregunte si puede tener un perrito en Navidad porque es supermono, acude a este decálogo.

Un perro es un animal, con pensamientos y, sobre todo, sentimientos. De pequeño necesitará una educación firme y constante que requerirá de mucha paciencia y disciplina, tanto para él como para tí. Tiene necesidades especiales a las que puedes no estar acostumbrado, así que piénsalo muy bien antes de decidirte a tener uno.

Por supuesto, puedo nombrar muchas más de 10 razones para SÍ tener un perro, pero mi intención hoy es que seas consciente del sacrificio que supondrá adoptar un animal e introducirlo en tu familia. Cada año se abandonan miles de animales solo en tu ciudad. No te conviertas, por un capricho, en el próximo abandonador, no conviertas a tu mascota en el próximo en la cola para el sacrificio. Porque si entra en un albergue, lo más probable es que no vuelva a salir.

Por supuesto, si a pesar de estas 10 razones sigues con ganas de vivir la maravillosa experiencia que es compartir tu vida con un ser que te querrá siempre y por encima de todas las cosas, no acudas a una tienda de animales y pagues un dineral por él. Los albergues tienen cientos, miles de animales, a la espera de recibir un hogar y no ser sacrificados. Ellos te necesitan.

No regales animales por navidad

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