Consumo responsable

Se acerca la Navidad (por si no lo sabías). Empieza la carrera contra el reloj para dar con el regalo adecuado, con esa chispa de inspiración divina que nos haga dar con el presente justo para tus allegados, con ese que sea diferente, original o, simplemente, que sepamos seguro que va a gustar a la persona en cuestión.
El libro es uno de los regalos más socorridos en estas fiestas y es de lo más común que podemos encontrar en las cartas a los Reyes Magos. Afortunadamente, los hay para todos los gustos: novela, libros ilustrados, ensayo, biografía, infantil, juvenil, cómic…, y muchos, muchos más. Al entrar en una librería se abre todo un mundo de posibilidades en el que a veces es difícil filtrar lo que se necesita.

Y aquí entra la figura del librero o la librera, que es ese personaje, femenino o masculino que espera con una sonrisa detrás del mostrador a que acudas con la socorrida frase de: ‘A ver si puedes ayudarme…’. Normalmente, por suerte, sí que puede.

Pero de un tiempo a esta parte, el libro ha salido de las librerías. Como un ave migratoria en pleno cambio de estación, ha pasado de las bien cuidadas estanterías del librero a las de los grandes almacenes, los supermercados y las grandes superficies de electrónica y productos multimedia. En estos establecimientos puedes encontrar los libros en el mismo lineal que encontrarías un cedé de música o una impresora o la sección de cables. Están ahí como todo lo demás: simplemente expuestos. Si le preguntas a un empleado de estos establecimientos si ese volúmen de Ulysses Moore es el último que ha sido publicado o el inmediatamente anterior, lo más probable es que se quede con cara de cinco duros y acuda al socorrido “lo que hay es lo que está ahí” que viene grabado de serie en ellos.

Y es normal. Su función en esa empresa es vender lavadoras, cafeteras, ordenadores o videojuegos. Los libros han sido metidos ahí con calzador, a la fuerza, sacándolos de su hábitat natural para encadenarlos en un sitio para el que no han nacido. Y lo peor llega cuando vas a la caja y te encuentras, entremezcladas con los productos de venta por impulso, como auriculares, pilas y llaveros-linterna, las últimas novedades en formato bolsillo.

El libro, reducido a un mero producto de consumo por impulso, de esos en los que, mientras haces la cola para pagar, tus ojos se detienen durante unos instantes antes de pasar al siguiente producto por impulso. No sabes de qué va, ni quien lo escribió, ni de qué editorial es, pero es barato y tiene una portada bonita. ¡Llévalo! ¡Cómpralo!

Yo digo que es hora de regresar a las librerías, de acudir al consumo responsable. Generalizando un poco más, te invito a que pasees por tu barrio, a que descubras cuantos pequeños comercios hay a tu alrededor fuera de los poderosos

Regala libros. Pregunta a tu librero.

centros comerciales, a que conozcas a sus dueños y te hagas cómplice de su actividad. Tu compra en ese establecimiento puede ser un bálsamo para una empresa con el agua al cuello. Tu compra en una gran superficie será un grano de arena en un desierto. Tu compra en el pequeño establecimiento puede permitirte volver a encontrarlo allí cuando regreses al día siguiente. Tu compra en una gran superficie no le importará a nadie. Por supuesto, éstas tienen empleados que también tienen que comer, que nadie me malinterprete, pero debemos ser más conscientes del uso que damos a nuestro dinero, del destino que tiene  el pago de nuestras compras.

Con ese pequeño gesto de cruzar la acera y acudir al librero, pescadera, carnicero, zapatera…, del barrio podemos estar haciendo mucho bien.

Piénsalo. Por un consumo responsable y un uso racional de nuestro dinero.

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  1. #1 por AmilcarGlez el diciembre 12, 2012 - 12:06 pm

    Coincido totalmente con tu opinión, dejamos a parte que mi mujer trabaja en una PYME, tal y como está la economía y como está “evolucionando” el país, es lo mejor. Apostar por un consumo más cercano, de barrio y que el dinero se quede entre las familias y no entre corporaciones internacionales acumuladoras de dinero. Está claro que no dejaremos de comprar en las grandes superficies, pero lo más que se pueda tirar de las PYMES.

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