Libros por encargo…

Acabo de leer un artículo en elcultural.es que no tiene desperdicio. Se titula El boom del libro de encargo: Un bestseller me manda hacer… Es un extenso reportaje en el que se ha preguntado a algunos de los editores más importantes del país, como Anagrama, Esfera de los libros o Sgel, entre otros, sobre el mito, cada vez más extendido, de los libros por encargo. Por supuesto, hay respuestas para todos los gustos (recomiendo la lectura del artículo, que es muy bueno), desde los que lo reconocen abiertamiente hasta los que dicen que nunca lo han hecho ni lo harán.

El caso es que me pongo en la piel del escritor, como no podía ser de otra manera, y me pregunto cómo respondería yo si me ofrecieran hacer un libro por encargo. Este concepto es muy amplio, pues puede abarcar desde una idea somera sobre un tema a desarrollar hasta una pauta muy concreta desde la que enfocar la historia sin salirse de ella. Temas de moda, conyunturas sociales y políticas, acontecimientos destacados… Dar con la tecla del tema de éxito en un momento u otro no debe ser nada fácil y parece ser que los grandes editores gastan mucho tiempo, esfuerzo y dinero en dar con esa nota.

En el artículo hay quienes defienden al autor que acepta estos encargos como algo natural o incluso llegando a decir que suele “funcionar mejor cuando me piden algo (un artículo sobre un tema concreto, por ejemplo) que cuando me abandono a mi inspiración y ganas”, como José Manuel Lara y quienes, como Ángela Vallvey, piensan que con esta práctica “el low cost puede llegar a la edición, y acabar con su excelencia”.

Respecto a los temas de moda, dice el artículo que

En el campo de ficción, la novela histórica vive un momento de esplendor sólo comparable al de la novela negra, y en el del ensayo, los temas científicos relacionados con el cerebro o la teoría de las cuerdas, los neutrinos, los alimentos naturales, la autoayuda, e históricos sobre la guerra civil, la II República, la II Guerra Mundial o el 15M se multiplican como clones. Mención aparte merecen los premios, que cada año apuestan menos por lo nuevo.

Como autor, defiendo la inspiración como fuente de creatividad, pero ¿qué puede haber de malo en que alguien, sea quien sea, te sugiera un tema, una idea o una línea argumental? A veces esta idea surge leyendo una noticia, viendo una película o escuchando una conversación. ¿Hay diferencia?

Por mi parte, y sólo por si acaso, trataré de que mi próxima novela trate de un joven indignado, hijo de un superviviente de la Guerra Civil, que ha estudiado física cuántica y teoría de cuerdas, que se dedica a desentrañar los misterios del cerebro mientras promulga una alimentación sana y natural… Ya veré donde, pero ¡en algún lado meto yo los neutrinos!

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