Reseña de “Última parada: la casa de muñecas” de Miguel Aguerralde

Miguel Aguerralde ha dado el salto definitivo. Si con sus novelas anteriores, Claro de luna, Noctámbulo y Los ojos de Dios había logrado darse a conocer y crearse una pequeña masa de gente dispuesta a seguir leyendo sus obras, entre los que me incluyo, con Última parada: la casa de muñecas (Editorial 23 Escalones, 2012) ha dado el salto de calidad necesario, el lanzamiento definitivo que nos ha demostrado a quienes teníamos fe en su trabajo que estaba llamado a convertirse en uno de los grandes de la novela negra en este país.

Antes de seguir, les dejo la sinopsis de la obra: «El hombre intentó levantarse, pero, una vez más, cayó sobre el asfalto.
La paliza había sido brutal, aunque aún no la recordara. El lado de­recho de su cuerpo estaba completamente entumecido, era posible que tuviera la pierna y el brazo fracturados. No sabía cuántas horas llevaba tirado en aquella cuneta; sin embargo presentía que si no lograba le­vantarse, iba a ocurrir algo horrible».
 Anualmente, en la ciudad de Las Palmas se registra la desaparición de decenas de personas. Muchas acaban siendo encontradas, otras se esfuman sin dejar rastro. El inspector Matthew Leland, apodado el Rojo por sus compañeros del departamento de policía, lleva ocho años investigando minuciosamente cada uno de estos casos. Lo que no sabe es que cada día que pasa está más cerca de encontrar por fin una respuesta, de hallar la última pieza de un puzle macabro que lo conducirá directo al infierno: la casa de muñecas.

La acción discurre en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y el protagonista es Matthew Leland, el Rojo, a quien ya conociéramos en la exquisita novela corta No podrás salir (Damian Wake, 23 Escalones, 2011).  El policía cumple los canónes del antihéroe: borracho, mal padre, mal amante… Pero con una fuerza vital contagiosa y una capacidad deductiva propia de el mejor detective. Sólo su intuición y lucidez, cuando consigue estar sobrio, resolverá el caso de los perdidos en Las Palmas.

La novela cumple con creces las expectacivas, con escenarios reales de la ciudad en cuyas descripciones, perfectamente dadas con cuatro sutiles brochazos, se demuestra que el autor ha estado presente en ellas a modo de documentación. Los personajes con casi reales, por lo que podemos ver en ellos a cualquiera de nuestros vecinos, con sus penas, preocupaciones y misterios personales. Leland, en concreto, logra un grado de profundidad que ha conseguido conquistarme y quedarme con ganas de conocer más de sus aventuras, de su trabajo en la policía de Las Palmas.

Miguel Aguerralde consigue mantener la tensión en todo momento, sobre todo, gracias a las partes en las que nos pone en la piel del malo, de una crueldad que roza lo gore y con cuyas víctimas compartiremos el dolor y la angustia durante toda la novela. Y es este, para mi gusto, el punto débil y el fuerte al mismo tiempo. Quienes disfruten con las descripciones más crudas pasaran un rato intenso; quienes tenga el estómago más delicado, quizás se salten algunos párrafos. El final, sorprendente y para nada predecible, me dejó una sensación de desasosiego que hacía mucho tiempo que no sentía.

Miguel, sigue así que quienes te leemos queremos más, ¡mucho más!

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  1. #1 por ken el febrero 2, 2014 - 9:13 am

    Enhorabuena un gran articulo. Gracias y saludos.

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