¡Cómo nos engañan!

Últimamente tengo la frustrante sensación de que vivimos en un mundo de mentirijilla, de que nada de lo que me rodea es real, sincero o franco. Si me pongo a citar ejemplos puedo aburrir hasta a las ovejas con un post de treinta y cinco mil palabras, así que me voy a limitar a comentar algunos de los engaños más recientes que me han irritado, sorprendido y simplemente, puesto de mal humor.

La tormenta Sandy que se acerca a Nueva York con catastróficas previsiones de daños materiales. Está anunciada desde hace días en todos los medios de comunicación con imágenes en directo, previsiones metereológicas y demás parefernalia televisiva. Cuando hoy en Facebook alguien ha colgado esta foto no me he planteado ni por un momento que no fuera cierta. Mi gozo en un pozo cuando me han confirmado que es un fotomontaje.

SAndy en Retrazos

Sandy de mentira

Otra mentira, sin entrar en polémicas ni meterme en política, la tenemos en el gobierno de este país. Nunca he hablado de política en estea blog ni suelo meterme en berenjenales de este tipo, pero escuchando el debate sobre los presupuestos la semana pasada tuve ganas de tirarle un zapato el televisor, emulando a un periodista extranjero que llegó a hacerse famoso por esto mismo. Afortunadamente me contuve, pues habría dado un bochornoso espectáculo en la sala de espera en la que me encontraba y habría dejado a los demás sin poder terminar de ver las mentiras institucionales que nos estábamos tragando.
La tercera, en un ámbito totalmente diferente, es la del azúcar moreno. Llevaba años escuchando decir que el azúcar blanco, debido al proceso de refinamiento que sufre antes de llegar a mi colacao de por las mañanas, es poco beneficiosa para nuestra salud; que el azúcar morena es más sana porque este proceso es menor, que pierde menos propiedades, etc. Por fin, hace unas semanas me dio por comprar la morena, por aquello de que hay que cuidarse y mejorar los hábitos alimenticios. Pues cuál no sería mi sorpresa al leer en Internet, en varios foros sobre nutrición, que este tipo de azúcar suele ser la misma azúcar blanca teñida con melaza. ¡Y encima me la cobran un euro más cara! No sólo cornudo, sino apaleado. No solo engañado, sino estafado también.

La cuarta indignación también es alimentaria y supe de ella a través de esta noticia en Canarias7.es. Al parecer, diversas marcas de aceite tenían en el mercado aceite que vendían como de oliva virgen extra cuando eran sólo virgen, sin el “extra”. Esto, que parece una chorrada, es para indignarse teniendo en cuenta la diferencia de precio entre uno y otro. Y, aunque no la hubiera, es como si me estuvieran dando gato por liebre. Por muy rico, sano y nutritivo que sea el gato, quiero saber que lo es y pagarlo al precio que le corresponde.

Ejemplos como estos hay a cascoporro y sé que con esto sólo estoy ejerciendo mi derecho a la pataleta, pero es que tengo la sensación de que por mucho que uno se esfuerza en separar el trigo de la paja cuando navega por Internet, lee el periódico o recibe información de cualquier otro tipo, nos engañan como quieren. ¿De quién podemos fiarnos hoy en día? ¿Quién nos da una información veraz, sin sesgo y realmente informativa -valga la redundancia-, sin intenciones ni falsas interpretaciones?

Sé que más de uno me tachará de ingenuo, pero ¿todo vale en el mundo de la publicidad? ¿Y en política? ¿Todo vale para conseguir un para de “Me gusta” de más?

¿Todo vale?

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